Monday, 25 December 2006

Lecciones desde la India

El “Ashram Express” esta a punto de partir desde Nueva Dehli hacia Jaipur y - a pesar de ser invierno en la India - el dia me regala cielos despejados y una temperatura que bordea los 30C. Despues de varios intentos finalmente consigo acomodar mi maleta debajo del asiento al mismo tiempo que ingresa a la cabina mi eventual compañero de viaje. Por su pelo blanco-platinado y los profundos surcos en el rostro deduzco que es un hombre maduro. Su sencillo saco café tambien me indica, con meridiana claridad, que pertenece a los 300 millones de ciudadanos de pujante clase media en este país. Intercambiamos un sencillo namaste – saludo protocolar en hindi, el idioma nacional más difundido entre los 18 oficiales – mientras nos despedimos de la capital de la India.

Nueva Dehli es una ciudad incompatible con la buena calidad de vida; sin embargo, durante los escasos tres dias que la visité, jamas dejé de sorprenderme por los contrastes extremos que experimenté. Esta ciudad de más de 13 millones de habitantes, afectada por niveles de pobreza y contaminación alarmantes, es tambien un punto de encuentro de diversas etnias, religiones y culturas que la convierten en un destino irresistible. Nueva Dehli es el fiel reflejo de la India, una megápolis en donde los conceptos de inmensidad, dinamismo y complejidad que caracterizan al país se expresan a plenitud. Desde aquí se rigen los destinos de más de un billón de personas y se planifican e implementan las políticas públicas que han colocado a este gigante asiático entre las seis economias emergentes de mayor crecimiento a nivel mundial.

Ya ha pasado media hora desde que partimos del Old Dehli Railway Station y mi compañero de viaje no resiste su curiosidad. En un inglés tosco pero perfecto, legado del colonialismo británico, pregunta por mi nombre. “Vajk” le contesto e inmediatamente le explico “pero se pronuncia Voik”; “Yo me llamo Ashutosh Kumar” me responde, “un gusto en conocerlo”. El breve intercambio de palabras rompe el hielo y confirma, una vez más, que los indios son extremadamente hospitalarios con los forasteros. Despues de las clásicas preguntas y respuestas de cualquier conversación introductoria, Shri (Señor) Kumar y yo ganamos confianza y entramos de lleno en materias más interesantes.

Le pregunto sobre la situación económica del país; “vera Ud.”, me dice, “desde las reformas económicas implementadas en 1991 por nuestro actual primer ministro, Shri Manmohan Singh, Hindusthan (India) ha experimentado un crecimiento sostenido de 6% anual. Para este año esperamos crecer sobre 8% y debo confesarle que estas cifras nos llenan de optimismo”. En efecto, la tercera mayor economia de Asia – superada en tamaño sólo por Japon y China - emprendió un agresivo programa de liberalización económica con el fin de revertir el severo déficit fiscal y la enorme deuda externa acumulada durante más de cuatro decadas de pasmoso e ineficiente control estatal. Si bien los niveles de corrupción, burocracia y cleptocracia siguen siendo elevados, el mayor flujo de inversión extranjera y políticas fiscales más responsables han permitido mejorar los indicadores sociales, particularmente la disminución del analfabetismo y la pobreza extrema.

Un elemento clave para explicar este progreso sostenido se basa en el vasto capital intelectual que posee la India; la cuna del sistema numérico, el cálculo y el ajedrez, cuenta con ventajas competitivas decisivas que suponen el conocimiento, la creatividad y la innovación. Los indios se han consolidado como líderes mundiales en industrias tales como las tecnologías de información (IT), la biotecnología y el sector farmacéutico; por eso, no se sorprenda al descubrir que reconocidas empresas como Ranbaxy, Infosis y Wipro inundan los mercados globales con productos de bajo precio y excelente calidad. Frente a este fenómeno, hasta los imperturbables alemanes murmuran “Inder statt kinder”; “eduquemos a nuestros niños en vez de traer indios”.

El capital intelectual de los indios no se restringe a personas de clase media y alta; este valioso activo intangible tambien es patrimonio de millones de ciudadanos menos privilegiados que, con mucho esfuerzo y visión de largo plazo, continuan estableciendo pequeñas y medianas empresas en todo el país. A la fecha, la India cuenta con más de cinco millones de PYMES oficialmente registradas que emplean a 27 millones de personas y que generaron más de US$15 billones por concepto de exportaciones en 2004; saque sus propios números y considere la importancia del término “valor agregado”.

Obviamente a Shri Kumar le fascina hablar de su querida Hindusthan y nuestra entretenida conversación ya ha superado el par de horas. El desértico estado de Rajasthan – la Tierra del Rey – nos da la bienvenida y ambos sentimos mayor libertad para discutir temas más sensibles; el sistema de castas, la religión y la gastronomía garantizan un fértil monólogo que gustosamente me dispongo a escuchar. Le pregunto a que casta pertence; “soy Kshatriya”, me responde amablemente, “por eso tengo brazos fuertes!”, comentario que me deja bastante confundido.

Para occidente, el sistema de castas – íntimamente ligado al hinduismo, religión profesada por el 83% de la población - plantea complicadas interrogantes. La milenaria estructura social india, herencia de los Aryanos desde el año 500 A.C., establece cuatro grupos sociales clasificados por la ocupación y estatus económico de sus integrantes. La primera casta la componen los Brahmins, reconocidos por los demas como los líderes religiosos y maestros de la sociedad. Sus privilegiados miembros rigen la cabeza y son los responsables de la guia espiritual y la educación del prójimo. Shri Kumar pertenece a la casta de los guerreros y nobles, los Kshatriyas, encargados de brindar protección y seguridad. Ahora ya entenderá porque esta casta rige los brazos.

El mozo de nuestro tren interrumpe brevemente nuestro diálogo para ofrecernos la merienda. Ordeno un chai (té) y Butter Roti (tortilla de harina con mantequilla) mientras que Shri Kumar se decide por un apetitoso Paneer Masala (queso licuado y sazonado con varias especias). Una vez lista y dispuesta la mesa continuamos. Los Vaishyas componen la tercera casta, la de los comerciantes y mercaderes, que proveen a los demas de alimento y rigen el estómago. La cuarta casta, los Shudras, se encarga de servir a las castas superiores. Aquí estan los agricultores, artesanos y trabajadores que rigen las pantorrillas. La “quinta” casta, los dalits o intocables, conforma el nivel social inferior y refleja los niveles de pobreza extrema más grotescos. Su “intocabilidad” es de facto; los dalits no son tocados ni tocan – siquiera con su sombra – a los demas ya que son considerados “elementos contaminantes”.

Es dificil digerir la aparente discriminación impuesta por el sistema de castas pero existen arraigados antecedentes religiosos y culturales que la explican. En breve, resalto la palabra aparente, los hinduistas creen en la reencarnación y piensan que la vida que llevan es consecuencia directa de sus actos en vidas anteriores. Por este motivo aceptan su destino sin reproches; los dalits intentaran servir poniendo todo su empeño mientras que los brahmins se orientarán hacia una vida ejemplar, todos ellos con el fin de reencarnarse en una vida superior. El sistema social existente tambien impone severas restricciones de género, mucho más visibles en los sectores rurales del pais, en donde habita el 70% de la población.

A pesar de esta impactante realidad, Shri Kumar se apura en aclarar: “el gobierno ha creado leyes e implementado programas de compensación para las mujeres y los más pobres pero el verdadero cambio social proviene de nuestras nuevas generaciones”. Le pido mayores detalles; “por ejemplo, las universidades públicas establecen cuotas de ingreso de 10% exclusivamente para los dalits, mientras que el estado garantiza un 30% de sus puestos laborales para las mujeres”. El rostro de mi amigo refleja cierta resignacion al finalizar su comentario pero yo no puedo evitar hacer la siguiente reflexión; superar las enormes brechas impuestas por el sistema de castas le tomará al país varias décadas pero es evidente que los indios, especialmente los más jóvenes, han comprendido que el siglo XXI demanda nuevos códigos y formas de interacción humana.

Estamos a escasos minutos de nuestro destino final y mi mente ya empieza a concentrarse en las actividades que llevare a cabo en Jaipur, Jodhpur y Ahmedabad; visitas a PYMES, entrevistas con exitosos empresarios o las simples caminatas por urbes congestionadas me garantizan inolvidables lecciones personales. Le recomiendo leer sobre la “minoría” musulmán de 120 millones de personas o sobre la condición de potencia nuclear de este imponente país. Más aun, descubra que la industria de cine indio – Bollywood – produce anualmente más películas que Hollywood y que la Compañía Nacional de Ferrocarriles emplea a más de un millon de personas.

El tren se ha detenido completamente y ya es hora de la despedida. Tanto Shri Kumar como yo no podemos evitar la tristeza del momento pero ambos agradecemos profundamente la oportunidad de habernos conocido. “Espero que siga disfrutando de su estadía y le deseo muchos éxitos en su vida” me dice para luego y perderse en el caótico tumulto de la estación. Y asi tambien concluyo que la India no acepta términos medios; con todas sus fortalezas y debilidades, los que tenemos el privilegio de visitarla, aprendemos a respetarla, quererla y admirarla. Sin duda alguna, este maravilloso país dejará huellas imborrables en mi vida. Jaya hai Hindusthan!

Nota:
Este articulo se basa en experiencias personales durante un viaje entre enero y febrero de 2006, invitado por el Ministerio de RREE de la India.